Física cuántica
Una fría mañana de invierno, estuve paseando por un bosque, concretamente un hayedo. Los bosques adquieren nombre propio cuando una especie de árbol domina; en este caso, el árbol dominante era el haya (Fagus sylvatica). Este árbol constituye importantes bosques, preferentemente en suelos ricos y húmedos. Al ser un árbol caducifolio, es decir, que pierde sus hojas cuando llega el frío, durante el otoño y el invierno el suelo del hayedo se cubre de hojarasca, un manto tupido de hojas muertas. Los árboles se quedan desnudos, entran en un coma profundo, su actividad metabólica se ralentiza y dejan de realizar la fotosíntesis, razón por la cual se deshacen de las hojas, no las necesitan y no las volverán a utilizar hasta la siguiente primavera, cuando de los nuevos brotes salgan las nuevas hojas.
A simple vista, el paisaje parecía una estampa, nada se movía, nada se inmutaba. Hice una fotografía para tener una visión macroscópica del bosque en ese instante.
Estando allí de pie, delante de un árbol, me imaginé que podía reducir mi tamaño hasta un nivel subatómico, más pequeño que un átomo. El paisaje que encontraría entonces, sería muy diferente. No tardaría en darme cuenta de que, la tranquilidad que respira el bosque, en realidad se sustenta bajo un escenario caótico e impredecible, un mundo extraño de azar y probabilidades.
El bosque, visto como mundo macroscópico, está gobernado por las leyes de la física newtoniana o mecánica clásica. Estas leyes ya no son un misterio para nosotros, el azar y las probabilidades se encuentran bajo control y podemos afirmar que prácticamente no existen, en un sentido estricto. Disponiendo de un conocimiento perfecto de las condiciones del bosque se puede saber, de manera determinista, su estado en todo momento, es decir, podemos conocer su pasado y su presente y, hasta predecir su futuro.
A escala microscópica, sin embargo, nuestro bosque no está gobernado por la física de Newton, sino por la física cuántica, una teoría que desafía nuestro sentido común.
Y es aquí, ahora, donde apelo a tu plasticidad mental. Te voy a dar una breve y simple descripción de lo que, se supone, podría esta pasando a nivel microscópico, en ese mismo apacible y tranquilo bosque.
Si cogiésemos cualquier tipo de materia, ya sea viva o inerte, y fuésemos haciendo trozos cada vez más pequeños, finalmente nos toparíamos con el átomo, la expresión más pequeña de la materia, que el filósofo griego Demócrito creía indivisible.
Toda materia está formada por átomos, ya sea un león, una roca, el Sol, la Tierra, el aire, el agua, tú, etcétera; todo lo que te puedes imaginar, está formado por átomos. Y estos átomos a la vez, están formados por partículas aún más elementales…, sí, el átomo todavía se puede dividir en partes más pequeñas. Los protones y los neutrones, se concentran en una región del espacio, llamada núcleo, y proporcionan al átomo su carga positiva. Los electrones, con carga negativa, se mueven alrededor del núcleo y son difíciles de localizar, por esta razón se dice que se encuentran en un orbital, una región del espacio donde la probabilidad de encontrarlos es muy alta. La atracción de las cargas opuestas, los mantiene unidos. Los protones y los neutrones se pueden dividir, a su vez, en quarks.
Así pues, los átomos de Demócrito, sus partículas indivisibles, ahora serían los quarks y los electrones, que pertenecen a diferentes familias de partículas elementales. Hay una teoría, la teoría de cuerdas, que propone una división más de la materia. Los quarks y los electrones, estarían formados por un hilo de energía, en forma de cuerda, que vibra. Pero de momento, nos vamos a quedar en los quarks y los electrones.
El comportamiento de estas partículas subatómicas está fuera de toda lógica establecida. En el mundo microscópico, lo que no está prohibido es obligatorio, una partícula puede no estar y estar en todos los sitios a la vez, puede atravesar muros y comunicarse con otras partículas a miles de kilómetros de distancia. En este mundo en miniatura, los conceptos de izquierda-derecha y arriba-abajo se desmoronan y el tiempo no tiene una dirección concreta, no se puede distinguir entre antes, después y ahora.
Si se pudiera extrapolar la visión microscópica a la macroscópica, observarías que las partículas elementales que constituyen el bosque pueden dividirse en tres y realizar tres tareas al mismo tiempo, y después volverse a unir otra vez; que tienen la capacidad de girar sobre su mismo eje, pero al chocar contra algo, su movimiento de giro permanece inalterable; que pueden saltar desde lo más alto hacia abajo y emitir luz, y viceversa, que pueden saltar desde abajo hacia lo más alto y absorber luz; en el primer caso, al emitir luz, estarían viajando atrás en el tiempo, y en el segundo, al absorberla, estarían viajando hacia el futuro…
Bueno, por hoy déjalo correr, vuelve a tu cómodo estado de rigidez mental, si es que puedes después de leer esto… y sí, te estoy retando.
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